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Los terrores nocturnos

Domingo, 15 de septiembre del 2013

Durante una noche típica, el sueño pasa por una serie de fases. Cada una de ellas se asocia a una actividad cerebral particular, y la fase de movimientos oculares rápidos (MOR o REM en inglés) es cuando tienen lugar la mayoría de sueños.

Los terrores nocturnos ocurren durante el sueño no REM. A diferencia de las pesadillas (que ocurren durante el sueño REM), un terror nocturno no es un sueño desde el punto de vista técnico, sino más probablemente una súbita reacción de miedo que tiene lugar durante la transición de una fase de sueño a otra.

 Los terrores nocturnos suelen ocurrir de dos a tres horas después de que el niño concilie el sueño, cuando tiene lugar la transición desde la fase de sueño más profunda no REM a la más superficial de sueño REM, la etapa en que se producen los sueños. Por lo general, esta transición sucede con suavidad. Pero en ocasiones el niño se agita y se asusta y esa reacción de miedo es el terror nocturno.

 Durante un terror nocturno, un niño puede incorporarse y sentarse en la cama súbitamente y ponerse a chillar o gritar como si estuviera sumamente angustiado. La respiración y el ritmo cardíaco se le pueden acelerar, puede empezar a sudar, a agitarse y a comportarse como si estuviera sumamente alterado y asustado. Al cabo de unos minutos o algo más, el niño se calma y se vuelve a dormir plácidamente.

 A diferencia de las pesadillas, que se suelen recordar, al día siguiente los niños no tienen ningún recuerdo del terror nocturno porque estaban dormidos mientras ocurrió y no tienen imágenes mentales que evocar.

¿CUÁL ES SU CAUSA?

Los terrores nocturnos están provocados por una hiperactivación del sistema nervioso central (SNC) durante el sueño. Esto puede ocurrir porque el SNC (que regula la actividad cerebral durante el sueño y la vigilia) todavía está madurando. Algunos niños heredan una tendencia a esta hiperactivación; aproximadamente el 80% de los niños que tienen terrores nocturnos tienen un pariente que también los experimentó o bien que sufrió de sonambulismo (un tipo similar de trastorno del sueño) durante la infancia.

Los terrores nocturnos son relativamente poco frecuentes, solamente afectan a entre el 3 y el 6% de los niños, mientras que prácticamente todos los niños tienen alguna pesadilla de vez en cuando. Los terrores nocturnos se suelen dar en niños de entre cuatro y doce años, pero se han descrito en niños de solo 18 meses. Parecen ser un poco más frecuentes en los niños que en las niñas.

Un niño puede tener un episodio de terror nocturno aislado o varios antes de que este tipo de episodios desparezcan por completo. La mayoría de las veces los terrores nocturnos desaparecen solos conforme va madurando el sistema nervioso.

¿CÓMO REACCIONAR?

Los terrores nocturnos pueden alarmar bastante a los padres, que suelen sentirse impotentes al no poder consolar a sus hijos. La mejor forma de reaccionar ante un terror nocturno es esperar pacientemente a que pase y asegurarse de que el niño no se hace daño al agitarse. Generalmente los niños se tranquilizan y vuelven a la placidez del sueño al cabo de pocos minutos.

Es mejor no intentar despertar al niño durante un terror nocturno. Esos intentos no suelen funcionar y, en el caso de que funcionen, lo más probable es que, al despertarse, el niño se sienta desorientado y confundido, por lo que probablemente le costará más tranquilizarse y volver a conciliar el sueño.

Los terrores nocturnos no tienen tratamiento, pero usted puede contribuir a que no sucedan en primer lugar. Pruebe lo siguiente:

  • Reduzca el estrés a que está sometido su hijo.
  • Establezca y mantenga una rutina para antes de acostar a su hijo que sea simple y relajante.
  • Asegúrese de que su hijo descansa lo suficiente.
  • No permita que su hijo se canse demasiado estando levantado hasta tarde.

Entender los terrores nocturnos puede reducir las preocupaciones de los padres y ayudarles a dormir bien por las noches. Pero, si su hijo tiene terrores nocturnos repetidamente, hable con el pediatra del niño por si fuera preciso consultar a un especialista en sueño.

HABITOS ALIMENTICIOS

Viernes, 16 de agosto del 2013

La alimentación es uno de los factores que más influye en la salud de las personas, especialmente en los niños y niñas. Entre las razones para promover desde la infancia una nutrición adecuada destaca la de que gracias a una correcta alimentación podemos prevenir enfermedades como la obesidad, los trastornos cardiovasculares o la diabetes.

 

En la sociedad actual está cada vez más aceptado que la adopción de hábitos saludables es uno de los factores más influyentes en el desarrollo de una vida sana. Uno de estos hábitos es mantener una alimentación adecuada durante todas las etapas de la vida.

 

Si conseguimos que nuestros niños y niñas tengan por costumbre comer de todo y en su justa medida y los estimulamos para que practiquen algún tipo de actividad física, habremos logrado inculcarles unos hábitos de vida saludables que les permitan evitar la obesidad y otra serie de patologías.

 

El objetivo de la alimentación saludable en la alimentación infantil es darles a los niños y niñas una alimentación sana, variada y equilibrada, ayudándoles a mantener un estado de salud óptimo.

 

Desde la escuela infantil debemos proponernos, como requisito indispensable, destacar la importancia que verdaderamente tiene la alimentación de nuestros alumnos y alumnas.

 

La escuela infantil tiene una gran responsabilidad en la adquisición de unos correctos y saludables hábitos alimenticios por parte de sus alumnos, ya que estos constituyen por sí mismos contenidos educativos muy valiosos.

 

NECESIDADES NUTRICIONALES EN LA INFANCIA:

Existen orientaciones desde un punto de vista general sobre las necesidades de energía y nutrientes en esta etapas de la vida. Traducidas en frecuencia de consumo de alimentos y raciones, nos pueden ayudar para diseñar una dieta saludable, si bien tenemos que atender a las características individuales.

 

En la medida de lo posible, hay que respetar los gustos personales, porque hay muchas formas de alimentarse, aunque una sola forma de nutrirse.

 

Todos los alimentos aportan calorías en mayor o menor medida, las cuales nos permiten crecer, trabajar, practicar algún tipo de actividad física, en definitiva mantenernos; estas calorías deben de cubrir las necesidades del organismo al objeto de mantener algún tipo de actividad física.

 

Los alimentos que comemos pueden contener: proteínas (leche y derivados, carnes, carnes transformadas, huevos, pescados grasos o azules y pescados magros o blancos), hidratos de carbono (complejos como el arroz, pan, pastas, patatas y legumbres; o simples como el azúcar, mermelada, miel, frutas y dulces en general), grasas (de origen vegetal como los aceites, frutos secos o aguacate y de origen animal como la mantequilla, tocino, panceta o manteca de cerdo), vitaminas (A y C como verduras y frutas o B como carnes y pescados variados, huevos y productos lácteos) y minerales.

 

¿CUÁL ES LA DIETA SALUDABLE PARA UN NIÑO O NIÑA?:

Una dieta saludable para niños y niñas incluye suficientes nutrientes para que ellos crezcan y tengan energía. Los nutrientes que necesitan incluyen proteínas, carbohidratos, grasa, vitaminas, minerales y fibra. La cantidad de nutrientes que su hijo o hija necesita cambia a medida que él va creciendo. La necesidad de nutrientes también depende de la cantidad de ejercicios físicos que haga durante el día. Una dieta saludable también limita los alimentos que no son saludables y que son ricos en grasa y azúcar.

 

Una dieta saludable ayuda al niño/a a que permanezca en un peso normal. Permanecer en un peso normal durante la infancia, puede evitar que ese niño tenga ciertos problemas de salud más tarde en su vida.

 

LOS RITMOS ALIMENTARIOS:

 

El desayuno:

Se trata de una de las aportaciones más importantes del día y debería cubrir al menos el 25% de sus necesidades nutritivas del escolar.

 

Las prisas y la somnolencia de los primeros momentos de la mañana, en ocasiones dificultan realizar la primera comida del día correctamente, l que puede provocar una disminución de la atención y del rendimiento en las primeras horas. La familia debe tratar de organizar su tiempo para que el escolar pueda disfrutar de un buen desayuno.

 

Podríamos hablar de un desayuno en dos tomas ( a primera hora y a media mañana), que debería contener cereales, lácteos y frutas, y que en los niños y niñas es muy importante. El desayuno lo es en cualquier etapa de la vida, pues ayuda al reparto equilibrado de energía, facilita el cubrimiento de nutrientes y mejora el rendimiento fíasico y psíquico.

 

El almuerzo:

El almuerzo, llevaría del 35% al 40% de las necesidades nutricionales diarias del individuo, y contendría de todo un poco. Debería contener: cereales, tubérculos o legumbres, verduras (crudas o cocinadas), alimentos proteicos, aceite de oliva como grasa principal, fruta y/o lacteo, pan y agua.

 

Cada vez es más frecuente que los niños y niñas coman en el centro escolar. Los padres deben conocer el menú mensual de comidas. Igualmente deberán tener en cuenta dicho menú diario para complementarlo adecuadamente con las restantes comidas.

 

La merienda:

La merienda es igualmente necesaria en cualquier etapa de la vida, pues ayuda al reparto de energía, facilita la cobertura de requerimientos y debe contribuir al 10% . Debe llevar cereales, lácteos, frutas naturales, bocadillos diversos…

 

La merienda no debe ser excesiva, para que los niños mantengan el apetito a la hora de la cena.

 

La cena:

La cena se elegirá en función de los alimentos ya tomados en las otras comidas del día.

 

Debe ser consumida a una hora no muy tardía para evitar que la proximidad al momento del sueño impida que los niños duerman bien.

 

Como platos propios de la cena se sugieren purés, sopa o ensaladas y, como complemento, carnes, huevos y pescados dependiendo de lo que se haya tomado en la comida del mediodía y como postre fruta y/o lácteos.

 

CONSEJOS ÚTILES:

  1. a. Es recomendable adecuar las combinaciones de primer y segundo plato, de manera que no resulten ni demasiado ligeras ni demasiado densas.
  2. b. Evitar repetir las combinaciones de primer y segundo plato de difícil aceptación (por ejemplo, verduras y pescado).
  3. c. Adecuar las preparaciones de los alimentos de temporada y época del año.
  4. d. Los postres de la semana deberían basarse en fruta, preferiblemente fresca, reservando 1 ó 2 días para postres lácteos.
  5. e. Es importante una buena combinación de sabores, olores, formas y consistencias: ya que de esta forma un plato bien preparado siempre despertará el interés de los niños y niñas y estimulará sus ganas de comer.
  6. f. Evitar el picoteo, ya que se trata de una mala costumbre que, no obstante, va en aumento y qye se practica a cualquier hora y normalmente a base de alimentos que contienen azúcar, grasa o sal en exceso.
  7. g. El agua es la mejor bebida. Las comidas deben acompañarse siempre de agua.

PERIODO DE ADAPTACION

Jueves, 15 de agosto del 2013

Sabemos que el ingreso en la escuela infantil supone un cambio muy importante para el niño, “normalmente” es la primera vez que se separa de su familia, sale de su hogar para pasar a un espacio totalmente desconocido, con adultos desconocidos y con otros niños.

 

Las familias también sufrís una adaptación, ya que suele ser la primera vez os separáis de vuestro hijo. Y lo mismo sucede con las educadoras, que también tienen que adaptarse, cada niño es diferente, hay que conocerle, saber sus gustos y preferencias, y conseguir que disfrute y sea feliz en los primeros momentos, y luego, durante el curso.

 

La entrada del niño en la escuela infantil supone para él un importante cambio: implica la salida del entorno familiar donde el niño ocupa un papel determinado, con una forma determinada de comunicarse y con un espacio que conoce, que le da seguridad y protección, y todo esto va a modificarse: su mundo de relaciones va a ampliarse al salir del círculo estrecho familiar, nuevos adultos y nuevos niños, y va a entrar en contacto con un nuevo espacio: la escuela.

 

Este será un paso muy importante en la vida del niño, y aunque en algunos casos al principio la separación le resultará dolorosa, el niño lo irá asimilando, y gracias a esta separación se incrementará su autonomía personal y su grado de socialización. Además de ser un paso necesario para aprender que los cambios no tienen por qué ser malos.

 

El niño experimenta cambios en las áreas de: higiene, alimentación, sueño, rutinas. Las rutinas que se establecen en la Escuela Infantil, les ayudan en su organización del tiempo y la actividad, a relacionarse con sus iguales, con los adultos y en la organización del espacio y objetos.

 

Es posible que durante este periodo puedan aparecer en el niño conductas de rechazo:

  • Hay niños que desde el punto de vista somático pueden tener alteraciones de sueño
  • Algunos sienten ansiedad ante la separación y pueden sentir abandono
  • Niños que lloran: es la manifestación más generalizada.
  • Niños que no lloran y participan en la escuela de forma resignada porque la actividad les resulta novedosa, pero en el hogar manifiestan conductas negativas.
  • Niños que lloran y se niegan a ser atendidos por extraños.
  • Niños que se aferran fuertemente a algún objeto que traen de casa, participan pero con el objeto en la mano.

Debemos saber que estas son manifestaciones normales de este periodo y que si lo entendemos de una forma natural estaremos ayudando al niño en la resolución de este proceso que es el periodo de adaptación.

 

Para todo ello va a necesitar que le ofrezcamos una gran comprensión y ayuda, ayuda que no consiste en evitar sus sentimientos y conflictos, sino en entenderlos. Y que comprendáis que cada niño tiene un ritmo de adaptación personal que hay que respetar.

 

Cuando hablamos de la separación mutua de niño-familia, entendemos que no sólo se adapta el niño, sino que los padres van a tener que adaptarse también.

 

Los padres tendréis una gran influencia en sus temores, sus expectativas, su ansiedad,… todo lo que vosotros sintáis: La inseguridad, la culpabilidad por la separación, el temor ante el cuidado que vaya a recibir el niño, todo eso son sentimientos habituales en los padres, pero debéis cuidar al máximo vuestras manifestaciones externas, para no trasmitir al niño inseguridad.

 

 OBJETIVOS PARA PADRES:

  • Que superéis la angustia de la separación.
  • Que confiéis en el equipo.
  • Que os despidáis de vuestros hijos sin engaños y con seguridad.
  • Que conozcáis y valoréis el periodo por el que pasan vuestros hijos .

 

OBJETIVOS PARA NIÑOS:

  • Aceptar el nuevo espacio y ser capaz de moverse libremente en él.
  • Explorar el nuevo material.
  • Adaptarse a las rutinas.
  • Comprender y recordar las normas y pautas que la educadora va estableciendo.
  • Establecer vínculos de afectividad con la educadora y los demás niños.
  • Admitir progresivamente la separación de sus padres.

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